Memo del lunes 1236: Crecimiento

“Sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo,.” — Efesios 4:15

El crecimiento espiritual y personal no es automático, sino intencional. El crecimiento es un don de Dios, pero requiere tu cooperación. El propósito no se trata solo de hacer lo que naciste para hacer; también se trata de convertirte en quien fuiste creado para ser. Cada etapa de tu vida está diseñada para acercarte a Cristo y moldearte para una mayor fecundidad.

Pablo escribió que "crecemos en Cristo", lo que significa que la madurez es un proceso de alineación: tus actitudes, reacciones y decisiones se asemejan más a las suyas. El crecimiento no se logra con una sola oración ni con una experiencia única; se logra mediante la entrega constante, la reflexión y la obediencia. Cuanto más creces en Él, más claro se vuelve tu propósito.

Cuando cumplí cincuenta, pensé en hacer lo que había aprendido hasta entonces y hacerlo mejor que nunca, con la esperanza de ganar dinero. Me sorprendió descubrir que mis cincuenta fueron mis años de mayor crecimiento. Puede sonar extraño, pero aprendí a pensar a los cincuenta. Descubrí que mi forma de pensar era mi mayor obstáculo para la obra de Dios en mi vida, y tuve que "desaprender" cosas que creía que me habían servido hasta entonces. Luego, mis sesenta fueron mis años más productivos, cuando escribí 35 libros y fundé mi editorial. Ahora, con setenta y tantos, estoy en una constante búsqueda y destrucción cada día para descubrir dónde mi pensamiento está plagado de miedo, ansiedad o duda. Sigo creciendo.

El crecimiento suele ser incómodo porque confronta nuestra inmadurez o lo que nos falta por mejorar. Expone actitudes, hábitos o miedos que obstaculizan el progreso. Muchas personas oran por un ascenso, pero se resisten a la poda que las prepara para ello. Jesús dijo: "Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto" (Juan 15:2). El crecimiento y la poda son dos caras de un mismo proceso; ambos son dones que producen un cambio duradero.

El crecimiento también requiere comunidad y trabajo en equipo. Crecemos mejor cuando nos conectamos con otros que nos desafían y nos animan, y que complementan nuestro propósito creativo con el suyo. Proverbios 27:17 dice: "Hierro con hierro se aguza; Y así el hombre aguza el rostro de su amigo". El aislamiento puede parecer seguro, pero impide la madurez. Necesitas personas que te amen lo suficiente como para decirte la verdad con amor y que sean un ejemplo de cómo se ve el crecimiento espiritual en acción. Y la verdad no siempre es negativa; también implica afrontar lo que haces bien y dónde dudas para ser la expresión más plena y mejor de quién Dios te creó para ser.

Es fácil celebrar el crecimiento visible (nuevas oportunidades, plataformas más grandes, mayor éxito), pero el crecimiento más significativo a menudo ocurre sin ser visto. Cuando lees un libro en tu tiempo libre, tomás la clase que te proporcionará los conocimientos o habilidades necesarios, o cuando eliges la fe en lugar del miedo: esos momentos tranquilos de crecimiento son los que te fortalecen para producir y llevar frutos visibles más adelante.

Así que no te resistas a las temporadas que te exigen. La incomodidad que sientes puede ser la prueba misma de que estás creciendo. De hecho, una vez que comprendas este proceso, buscarás oportunidades que te saquen de tu zona de confort para aprender y crecer. Dios nunca desperdicia un desafío; usa cada uno para madurar para lo que sigue. La base del crecimiento es la fidelidad, y la recompensa es la fecundidad. Y ahora tengo la edad para mirar atrás y decirte con sinceridad: "Valió la pena para estar donde estoy ahora".

Preguntas de reflexión

  1. ¿Cómo ha estado Dios usando los desafíos y transiciones recientes para hacer crecer tu carácter y tu fe?
  2. ¿A qué área de tu vida te está llamando Dios a “crecer” hacia una mayor madurez?
  3. ¿Quién en tu vida te ayuda a mantenerte responsable y animado a medida que creces?

Oración

Señor, gracias por amarme lo suficiente como para hacerme crecer. Ayúdame a aceptar las etapas que me exigen y a confiar en que me estás moldeando para un propósito mayor. Dame humildad para aprender, valentía para cambiar y gracia para crecer más como Jesús cada día. Amén.

Solicitud

Esta semana, identifica un área donde te has resistido al crecimiento: quizás un hábito, una actitud o un nuevo rol que Dios te ha estado señalando. En lugar de evitarlo, acéptalo con fe. Pídele a Dios que te muestre lo que quiere desarrollar en ti durante esta etapa. Recuerda: el crecimiento no es un castigo, es una preparación.

 

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