MEMO DEL LUNES 706: ¿QUIÉN ERES TÚ?

No hace mucho, estaba predicando un domingo por la mañana en Guyana cuando abrí Juan 1 para observar a Juan el Bautista. Nunca antes había notado lo que vi esa mañana

“Este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron de Jerusalén sacerdotes y levitas para que le preguntasen: ¿Tú, quién eres? Confesó, y no negó, sino confesó: Yo no soy el Cristo. Y le preguntaron: ¿Qué pues? ¿Eres tú Elías? Dijo: No soy. ¿Eres tú el profeta? Y respondió: Le dijeron: ¿Pues quién eres? para que demos respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?” (Juan 1:19-22, Reina-Valera 1960 - énfasis añadido).

Los judíos preguntaron repetidamente a Juan: “¿Quién eres tú?” Si Juan no hubiera sabido quién era, quizás habría caído en la trampa en la que otros han caído o caerán: “porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y engañarán a muchos.” (Marcos 13:6 Reina-Valera 1960). La delegación exigía saber qué tenía que decir él sobre sí mismo. Sin escucharlo de él, habrían sido libres para interpretarlo a él y su ministerio por sí mismos, probablemente llegando a una conclusión equivocada. Juan conocía su propósito, lo cual le permitió admitir quién no era—“No soy el Mesías”—y proclamar con libertad quién sí era—un mensajero de Dios para “preparar el camino del Señor”.

Si la gente te presionara con la misma pregunta: “¿Qué dices de ti mismo?”, ¿qué responderías? ¿Cómo les responderías? ¿Les permitirías responder esa pregunta por ti, o la responderías tú mismo? Esto es importante, porque a Jesús le hicieron la misma pregunta los mismos líderes: “¿Quién te haces a ti mismo?” (Juan 8:53b). Jesús respondió diciendo: “¡Yo soy!”, y los judíos intentaron apedrearlo por blasfemia. En otra ocasión, les dijo a sus discípulos que había venido a “buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10). Cuando sabes con claridad quién eres, la gente puede molestarse por muchas razones.

Pablo y Pedro conocían los propósitos del uno y del otro, y Pablo fue capaz de describirlos claramente: “Antes por el contrario, como vieron que me había sido encomendado el evangelio de la incircuncisión, como a Pedro el de la circuncisión” (Gálatas 2:7). Observa que Pablo vio que Dios les había encomendado su propósito, algo que Dios les dio para administrar y aprovechar al máximo.

Tú necesitas ver tu propósito de la misma manera, pues es una asignación que trae gran gozo, así como gran responsabilidad. Pero todo comienza sabiendo cuál es ese propósito y reconociéndolo ante otros, negándote a dejar que ellos lo definan por ti. Para cerrar esta semana, te dejo con las preguntas que vimos hoy en los versículos:  “¿Quién eres tú?” “¿Qué dices de ti mismo?” “¿Quién te crees que eres?” Si reflexionas y respondes a esas preguntas, estarás bien encaminado en tu Búsqueda de Propósito Personal.

Gracias por leer y ¡que tengas una semana bendecida!

 

Publicado a las 09:23 a,m. Mayo 03, 2015 en Propósito

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